Acericos

En la obra Acericos recurro a la materia textil como metáfora de la piel, del cuerpo y del hogar. Confronto la suavidad del terciopelo y la blandura de los almohadones con la rigidez, frialdad y agresividad de los alfileres clavados sobre el tejido para representar el maltrato psicológico y físico derivado del amor posesivo. Es un sentimiento enfermizo, tóxico y controlador, cuyos primeros indicios son muy sutiles. Poco a poco se hacen más evidentes. Se pasa del “mi vida, te adoro” al “no puedo vivir sin ti, te necesito” para continuar con «¿de dónde vienes?, ¿con quién has estado?» y un día se levanta la voz más de lo normal, otro se profiere un insulto, lo siguiente una bofetada…