El ajuar

Instalación.

Medidas variables. 2015

Era costumbre, hasta no hace mucho tiempo, que las jóvenes preparasen el ajuar para su boda. Se empezaba a confeccionar al llegar a la adolescencia, mucho antes incluso de tener novio. Mantelerías, sábanas, toallas... se guardaban con exquisito primor, hasta el día de la boda, para preservarlos de toda mácula, al igual que preservaban su virginidad hasta la noche nupcial en que estrenaban las mejores sábanas.

La mujer era educada fundamentalmente para el matrimonio y una vez casada, entre "sus labores" estaba la de coser para sus hijos, su marido y para si misma. En no pocos casos se iba a casa de la modista o la modista acudía a casa de las clientas para confeccionar prendas de vestir. Coser para alguna fábrica también era una forma de obtener un ingreso extra, eso sí, siempre en el ámbito doméstico.